A Lydia.


Todo comenzó cuando investigaba qué había ocurrido en esa torre. Decidí adelantarme un poco y explorar por mi cuenta. Éramos varios los que andábamos en aquella misión. De repente, se escucha un rugido, a lo lejos, pero se percibía el alcance que tenía dicho estruendo. Y lo peor, se acercaba. Cada vez más fuerte, nuestras entrañas comenzaban a vibrar y el pulso a aumentar. Se comienza a sentir un cambio de dirección de la brisa, también se escucha un fuerte aleteo. Era un dragón.  
Fue una batalla difícil, fue mi primer enfrentamiento contra un dragón y aún no manejaba bien las armas. Soy Nórdico, la magia no es mi estilo, y sólo había matado a un par de enemigos. Sin embargo, salimos victoriosos y el dragón pasó a mejor vida. Lo que vino después, es igual o incluso más increíble que eso. Me acerqué para inspeccionar el cadáver, la vista se me nubla y destellos salen mi víctima hacia el centro de mi pecho. No comprendía nada. A la vez, el dragón va haciéndose polvo frente todos y nadie comprendía que ocurría. Absorbí su alma. Soy un “Dragonborn”.
A mi regreso a Whiterun, fui nombrado “thane” de ese lugar, y tu, simplemente apareciste y pusiste tu espada a mi disposición, y juraste seguirme hasta la muerte. Yo acepté, a pesar de que no soy mucho de la idea de “tener a alguien a mi disposición”.
En nuestros primeros viajes, me tratabas de forma distante y formal, no quería faltarle el respeto al Dragonborn. Costó mucho que entendieras que soy una persona normal, con una misión distinta aquí. Además, tenía que casi gritarte para que salieras de la línea de fuego contra el enemigo. Invadimos muchos fuertes, y tu simplemente ibas directamente contra hordas de enemigos, solamente para evitarme trabajo y que saliera herido. Cada combate era una carrera de quién llegaba primero a asesinar a ladrones que nos atacaban, o hechiceros hostiles.
Crecí mucho sabes? Si no hubieses sido así, yendo al combate directamente y obligándome a combatir con toda mi entrega para que no te ocurriera nada malo, no tendría la experiencia que poseo ahora con el Hacha de Combate Enana, o el Martillo de Guerra Enano. Si, esos despiadados Dwemer poseían buen material para forjar armas.
Con el tiempo, los dragones caían como moscas en la sopa, como una hoja en otoño o como copo de nieve en este eterno inverno. Nuestros enemigos, suplicaban una muerte rápida. Claro, los que alcanzaban a hablar porque ni tiempo les dábamos. Tu con tu espada y yo con mi hacha. Ni hablar de los trolls, tigres dientes de sable  u osos. Yo iba directo a ellos, con mis puños apretados en el mango del hacha, y tu, sobre una roca lanzando certeros flechazos. Éramos el equipo perfecto.
Nuestra última aventura, defender el Colegio de Winterhold. Para variar, fuimos los primeros en la línea de defensa. Fue un combate duro, nunca es fácil combatir contra anomalías mágicas, ni con armas de mano, ni magia. Solo hay que resistir hasta acabarlos. Y tu no lo lograste. Yo estaba rodeado y tu comenzaste a darles flechazos para que dejaran de atacarme y se dirigieran hasta tu posición. Y así fue. Mientras se te acercaban, mataste a dos, solo con tus flechas, pero aún quedaban 6. No me preocupé de curar mis heridas, solo tomé mi hacha y corrí lo más rápido que pude. Quizá, si no utilizara armadura pesada, pude haber llegado a tiempo, pero acostumbro a usar el metal más grueso que encuentre por ahí.
Tu simplemente caíste, rodeada de esas cosas que a pesar de estar derrotada, no paraban de lanzarte ataques y sacudir tu cuerpo. Logro llegar, y gritando tu nombre comienzo a despedazar a esas cosas, una por una. No lograron ni tocarme. Una por una iban explotando y desapareciendo hasta que se acabaron y todo volvió a una extraña calma. Y ahí estabas tu, recostada sobre el suelo envuelta de esa extraña calma también. Quería abrazarte, quería saber si estabas conmigo aún y si podríamos seguir nuestro camino, pero en aquél momento, escucho gritos de esta hechicera, Ervine, que estaba siendo atacada y corría hacia nosotros.
De la nada, y en su desesperación, lanza un hechizo hacia nosotros. Yo pensaba que nos protegería, o algo por el estilo. Pero, yo sólo veo un resplandor azul siendo absorbido por tu cuerpo; atravesando tu armadura como si nada. Debo alejarme porque la luz azul empieza a iluminar todo alrededor. No se cómo se atrevió. Lanzó un hechizo, “ZombieRaise”. Te levantaste y comenzaste a luchar como si nada. Yo te gritaba: “Lydia!!, Lydia!!” y tu solo combatías como si no existiera un mañana.
Terminó la amenaza y Ervine no me dirigió la mirada. Solo te observó, dijo un par de palabras y tu dejaste de seguirla, te quedaste para ahí, con tu espada empuñada. Me acerco a ti, te hablo, tomo suavemente tu mejilla, pero ni te inmutas. Y luego, delante de mis ojos, comienzas a hacerte polvo y a desaparecer, a irte con el viento y dejándome aquí, con tantas cosas batallas que combatir aún, tantos dragones que detener y tantos inocentes que defender, ahora solo.
Pronto nos reencontraremos, y espero con ansias aquél día.

Marry-Lydia-Skyrim

 

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